La decisión es la capacidad de tomar una decisión en el momento adecuado, con la información disponible en ese momento. No se trata de precipitarse en la toma de decisiones, sino de actuar a tiempo sin aplazarlas interminablemente. Para los empresarios de PYME, esto significa saber cuándo se sabe lo suficiente para proceder y cuándo esperar cuesta más que cualquier elección equivocada.
Cómo funciona en la práctica la capacidad de decisión
La toma de decisiones consta de tres pasos. En primer lugar, se reúne la información realmente necesaria para tomar una decisión. A continuación, se sopesan las opciones en función de los objetivos empresariales y la tolerancia al riesgo. Por último, se toma la decisión y se traduce en acción. En la práctica, con las PYME clientes vemos a menudo que el segundo paso es el más largo: siguen buscando certezas que no existen. Por ejemplo, el propietario de una tienda online espera meses antes de introducir una nueva línea de productos porque primero quiere tener todos los datos del mercado. Mientras tanto, el competidor va por delante. Los empresarios decididos optan por un piloto: probar con un stock limitado y ajustar en función de las cifras de ventas reales.
Por qué la decisión cuenta ahora para los empresarios
La capacidad de decisión siempre ha sido importante, pero la velocidad a la que cambian los mercados la hace crucial hoy en día. Un proveedor de servicios B2B que espera dos trimestres para lanzar un nuevo servicio se pierde toda una temporada de ventas. Un minorista local que dude demasiado en una tienda online verá cómo los clientes desaparecen hacia las plataformas. En la práctica, nos encontramos con que los empresarios de PYME suelen tener información suficiente para elegir una dirección, pero dudan por miedo a tomar la decisión equivocada. El resultado: el estancamiento cuesta más ventas que una decisión ajustada.
Lo que la decisión aporta a las PYME
Los empresarios decisivos alcanzan sus objetivos más rápidamente. Ponen a prueba las ideas en lugar de discutirlas, y aprenden de la práctica en lugar de los escenarios. Un ejemplo: una empresa manufacturera con 18 empleados quería automatizar, pero no sabía qué sistema. En lugar de comparar seis meses, optaron por un piloto de tres meses con un proceso. Al cabo de ocho semanas, sabían lo suficiente para ampliar. Esto requiere una estrategia de marca y un posicionamiento claros: quien sabe adónde quiere llegar la empresa puede sopesar qué opciones se ajustan a ello más rápidamente. La decisión también aporta tranquilidad: una decisión tomada da margen para seguir adelante, mientras que sopesar sin parar consume energía.